La respuesta para esa pregunta es sí. Cada día la vida nos pone lecciones que nos ayudan a seguir mejorando como personas de fe. Hoy más que nunca, debido a la situación sanitaria que está viviendo el mundo. La pandemia nos ha enseñado muchas cosas, buenas y malas.  

Sin embargo, muchas personas que no se dan cuenta de ello y lo negativo lo ven como tal pero no como lecciones de vida. Muchas veces, se convierten en quejas, en molestias, es ahí donde los hombres de fe deben diferenciar y, sobre todo, convertir estas malas experiencias en lecciones que los ayuden y también al prójimo. Entonces, ¿la pregunta formulada en nuestro titular se puede resolver? 

Nosotros estamos convencidos que sí y con estas 5 lecciones vamos a demostrarlo. 


1.- Dejar a Dios ser Dios 

Vaya que esta fue una gran lección. Muchas veces oramos y pedimos la gracia de Dios para alguna de nuestras necesidades, pero, ¿realmente estamos dispuestos a aceptar cualquiera que sea su voluntad? Para este año teníamos planeados viajes e importantes celebraciones. Parecía que habíamos pensado en todo detalle, pero nos alcanzó el «detalle» que nunca contemplamos. Y volteamos nuestra mirada a Dios, a nuestro Padre que estaba esperándonos con los brazos abiertos. Entendí que tendría que respetar su voluntad, ante todo, y esperar lo mejor. Siempre permaneciendo de su mano.

Dejar a Dios ser Dios es atender y aceptar su voluntad sabiendo que todo Él lo permite con un buen propósito. Teníamos planes, sí. Pero aprendimos a cambiarlos por esperanza en Dios.


2.-Somos parte del Cuerpo de Cristo

 La Iglesia Católica nos infunde el sentirnos hermanos en la fe, pero pareciera ser que este período de contingencia nos lo ha remarcado. 

Aún recuerdo el discurso del papa Francisco, durante su oración por el mundo frente al coronavirus, asegurando que toda la humanidad estaba en el «mismo barco» y que era necesario «remar juntos». 

¡Cuánta razón tuvo! Se hizo viva la palabra: «Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también es Cristo. (…) Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de Él». (1 Cor 12, 27) 

Más que nunca, este nuevo padecimiento a causa de la pandemia nos ha recordado lo importante que es ver al prójimo y ser más empáticos. Saber que todos formamos y construimos la Iglesia con nuestras acciones mutuas. 

3.- No podemos vivir sin amor 

Las personas pasaron de ver a sus familias todos los días a solo verlas por videollamada. Gracias a Dios tenemos herramientas tecnológicas que nos permiten seguir en contacto, pero sin duda, nada reemplazara el cálido sentir del abrazo de tu madre. 

Nunca imaginamos vivir en un mundo lejano, el uno del otro, pero aquí estamos. Y, más que nunca, esperamos ansiosos volver a la normalidad para visitar a los abuelos, a los tíos, a los amigos. Sé que tú también guardar este deseo en el corazón. 

s cierto que el distanciamiento social nos ha limitado el contacto con nuestros familiares. Pero, también es cierto que esto solo nos ha hecho recordar lo importante que es demostrar nuestro afecto hacia nuestros seres queridos. Recordemos que, el amor es la máxima expresión de aprecio, cuidado, interés y empatía. 

Dios, siendo un Padre amoroso, nos ha dado la oportunidad de amar como Él mismo nos ama. Aprovechemos este tiempo para discernir cuál es nuestro llamado en la representación y ejercicio del amor de Dios a través de la fraternidad y la solidaridad con nuestros hermanos. Y, al volver a salir de casa, busquemos cómo llenar de más amor el mundo que nos rodea. 

4.- El tiempo con Dios vale oro 

La vida en la ciudad era siempre está corriendo, no hay mucho tiempo para las cosas que nos importan y muchas veces pasamos mucho más tiempo en el tráfico que en casa.

 De verdad que solo una pandemia nos habría hecho bajar el ritmo, y lo hizo. Gracias a la cuarentena, se hizo una pausa en nuestras vidas. A muchas personas les costó, pero al final, si realmente eres un hermano de fe, has aprovechado cuanto tiempo tenías para unirte más a Dios. 

5.- La salvación es la meta 

Nada que te aleje de esta meta, vale la pena. NADA. La cuarentena nos concedió esta gran lección. Dios siempre está con los brazos abiertos para recibir a cuanta oveja quiera volver al rebaño. Solo debemos poner en Él nuestra esperanza y confiar en su santísima voluntad. Este es el secreto para conseguir una verdadera y profunda paz interior. 

Dios se hará cargo de todo, cuando dejemos todo en sus manos y comprendamos que volver con Él, a su Reino, es el fundamental fin de nuestra existencia. Así que, esta cuarentena nos dio una tremenda sacudida y me atrevería a decir que a todos. 

Cambió repentinamente nuestro estilo de vida y nos hizo ver lo que ciertamente era significativo: aquello que nos acerca a Dios. Preparémonos para que, al poder salir de nuevo, seamos fieles con un corazón más puro y enfocado en Dios. 

Oremos para que Él sea nuestro camino y meta máxima, que podamos ser siempre dignos representantes de su cuerpo, la Iglesia, y tengamos la capacidad de auxiliar a nuestro prójimo según su amor. Recordemos que el tiempo vale oro, no perdamos ni un segundo en formarnos para ser fieles seguidores de Jesucristo.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.