Momentos en los que puedes recurrir a la virgen María


Nuestra querida Virgen María siempre ha sido imagen de bondad, sacrificio y mucho amor. Ella es considerada por muchos como nuestra Madre y cuida de nosotros como cuidó de Jesús, de la forma más amorosa que pueda existir.

Muchos relatos sostienen que María es tan humana como sublime, esto se refiere a que en vida nuestra Madre ha hechos muchas cosas sublimes y los Evangelios recogieron algunas para darnos indicios de cómo era:

Por ejemplo, en las bodas de Caná vemos en Ella la intercesión todopoderosa que hizo adelantar su hora a Nuestro Señor o junto a la cruz en el Calvario, para ver en Ella, con su corazón atravesado por una espada, aquella que primero unió sus dolores a la Pasión de Nuestro Señor para abrirnos las puertas del cielo.

Curiosamente, algunos de esos episodios tan sublimes son episodios de lo más corrientes: una mujer visita a su prima para asistirla en su parto, un niño se pierde en medio de una fiesta religiosa, una madre va a una boda con su hijo.

No parecen los episodios de una novela épica, sino los menesteres cotidianos de una familia cualquiera en un tiempo cualquier.

Sin embargo, cómo podemos no pedirle a María que nos socorra cuando la vida lamentablemente se nos pone difícil. Pues Ella nos comprende totalmente, y como mediadora de todas las gracias e intercesora todopoderosa, está dispuesta a pedirle a Jesús por nuestras dificultades.

 
Es por ello que hemos elaborado 5 momentos en los que podemos recurrir a Ella para que podamos sentirnos mejor y alejarnos de nuestras dificultades.


1.- En nuestros momentos de duda:
Cuando dudemos o cuando sintamos que lo que Dios nos pide es demasiado, invoquemos a María y pidámosle que nos inspire para poder encontrar la respuesta adecuada y salir de donde estamos actualmente.


2.- En los momentos que tenemos miedo del dolor:
Cuando Simeón le profetizó a María que una espada le atravesaría el corazón, ¿qué habría sentido la Virgen? Ninguna madre del mundo querría saber que su hijo será signo de contradicción.
Y aunque María aceptaba la voluntad del Padre con sumisión perfecta, ¿no se habrá entristecido su alma?


Cuando estemos paralizados por el temor, cuando tengamos pánico de que la cruz que nos espera va a ser demasiado para nuestros hombros, pidámosle a nuestra Madre que nos dé la fortaleza que nos falta.


3.- Cuando creemos que perdemos a nuestros hijos:
El Niño Jesús perdido y hallado en el templo. Sus padres terriblemente ansiosos lo buscan entre los parientes y recorren el camino de vuelta a Jerusalén hasta que finalmente lo encuentran entre los doctores.


¿Qué habrá pasado por el alma de la Virgen mientras no lo encontraba? ¿Qué habrá pasado cuando lo encontró en medio de los notables de Israel?, ¿miedo, ansiedad, culpa por no haberlo cuidado?


Una madre que pierde a su hijo inmediatamente puede pensar que es una mala madre, pero no, no es así, hay muchas cosas que se nos pueden escapar de las manos. De repente, fue el pensamiento de la virgen María en esos instantes donde no encontraba a Jesús.


Cuando creamos que nuestros hijos pueden tomar un mal camino y estemos angustiados porque no sabemos hacia dónde se dirigen, pidámosle ayuda a María, ella nos podrá calmar y, sobre todo, guiar.


4.- Cuando estamos a los pies de la cruz por la enfermedad de alguien a quien queremos:
Cuando tenemos a un hijo enfermo, sufriendo, subido a la cruz, podemos contar con nuestra Madre. Ella sabe que los padres sufrimos como si fueran propios, porque Ella hizo propios los sufrimientos de Nuestro Señor.


5.- En los momentos que salimos al encuentro y no somos comprendidos:
Muchas veces, cuando salimos al encuentro de los demás, sentimos que rechazan nuestra ayuda, y a veces nos pagan mal con bien. Ahí es un gran momento para pedirle ayuda a Nuestra Madre y pedirle que nos dé fuerzas para poder seguir adelante.

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