La oración en nuestra familia es muy importante, es un enorme tesoro ya que el solo hecho de unirnos en oración todos es un momento muy fuerte y valioso para los padres e hijos. Lo que muchas personas no saben es que rezar en comunidad es importantísimo para nuestra fe.


Es la iglesia quien anima a los creyentes a tener este tiempo de espiritualidad en familia, debido a que eso fortalece nuestros lazos y como ya mencionamos, para nuestra fe, es algo hermoso.
Algo que no se debe perder nunca es la oración y, sobre todo, en familia, ya que tanto uno como el otro son grandes tesoros que tenemos en la tierra.


Tener la oportunidad de crecer en un hogar donde la oración es parte del día a día es una hermosa bendición. Su importancia está en el ejemplo que nuestros padres le pueden dar a sus hijos.
Aprender a orar en todas las estaciones de la vida junto con la familia fortalece la unión y los vínculos de parentesco.


Pero ¿Qué significa orar en todas las estaciones de la vida? Sin duda alguna, esto nos dice que hay que orar no solo cuando de repente sintamos que algo malo pasa en nuestras vidas, no, sino que debemos hacerlo periódicamente, así nos sintamos de la mejor manera. Siempre es un buen momento para orar.
Vivir la fe de forma concreta en el hogar implica que existan momentos de oración familiar, momentos de vivir los sacramentos juntos. Sobre todo en la misa del domingo, que se puede convertir en un auténtico ritual para disfrutar unidos.


Vale la pena que el momento de la oración sea acogedor y que no esté demasiado reglamentado. Cada familia encontrará su manera de rezar. Según los periodos del año, de los acontecimientos familiares, y de la creatividad de cada uno, recordando que podrá evolucionar.

 
En lo que concierne a los hijos, la mejor manera de que los padres les transmitan la fe es vivirla ellos mismos. No hay mejor catequesis para un niño que la imagen de sus padres unidos en la oración, una imagen así es más edificadora, profunda y duradera que las palabras.

El papa Francisco nos dice lo siguiente:


«Es vital que la oración en familia sea con devoción, que no se limite a las palabras, sino que se transforme en hechos y testimonios de fe, para que los niños aprenden a hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando a Dios».


Así que está en nuestras manos poder fortalecer la oración en nuestra casa, siempre pensando en que nos va a unir como familia y puede sanar lo que de repente está herido. Démonos el tiempo para unir nuestros corazones y practicar este hermoso acto.

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