Mientras que algunos optaron por buscar en qué ocupar la mayoría de su tiempo durante el aislamiento social, lo cual está bien, hay quienes están aprovechando todo esto como una oportunidad para hacer una pausa, meditar y reflexionar sobre aquello que vienen haciendo a lo largo de los años sin detenimiento.

También es un buen momento para agradecer a Dios por las buenas cosas que nos ha pasado, pero que no nos hemos dado cuenta por estar siempre avanzando y avanzando sin descanso.

Algunos se detuvieron a pensar acerca de quiénes son y a dónde van, otros reflexionaron acerca de las decisiones que han tomado a lo largo de su vida y que efectos positivos o negativos tuvieron. Detenerse un momento de nuestra vida cotidiana puede ser un remedio contra la incertidumbre que estamos pasando. Bien dicen que cuando el pescador no puede salir al mar, usa su tiempo para reparar sus redes. En estos momentos nosotros somos los pescadores, usamos nuestro tiempo para reparar nuestras redes.

En ocasiones, primero debemos silenciar nuestro mundo exterior, de modo que podamos conocer el mundo interior en el que vivimos. Esto es lo que realmente necesitamos, antes que nada, para conocer cuál es el propósito de nuestra vida. Aprendamos a generar un estado activo de atención en el presente, en el que seamos conscientes de lo que hacemos, pensamos o sentimos, gracias a la meditación y la oración.

Todos, en algún momento, necesitamos detenernos un momento. ¿Por qué? ¿Para qué? Porque hay cosas que aprender y hay cosas que reflexionar. Porque hay cosas que sabemos que somos y cosas que no queremos ser. Porque hay cosas que aún no somos, pero que queremos ser. Porque hay cosas que somos y no sabemos, pero estamos buscando saber. Y lo más importante, porque queremos ser mejores, pero primero debemos conocernos bien.

Por supuesto, saber qué es lo mejor para ti también requiere que sepas aquello que pretendes hacer para lograrlo. Algo que mucha gente ignora. ¿Cuál es tu plan? El primer cimiento para, poco a poco, estar en paz, es reconocer que Dios debe acompañarnos en este largo recorrido. Usemos la fe como una herramienta, no para esperar que todos nos vaya bien, sino para que tengamos la capacidad de aprender de las trabas que aparezcan en el camino.

Ahora bien, una vez que nos hayamos detenido a pensar acerca de lo que venimos haciendo o de quienes venimos siendo, debemos entender que el objetivo de nuestra alma es evolucionar continuamente. Lograremos hacer que nuestra vida despegue una vez que logremos entender eso. Sin embargo, mucha gente cree que una vez que ya encontró la paz o felicidad que tanto anhelaba, se puede olvidar de Dios. Dios es nuestro guía antes, durante y después de esta travesía, no abandonemos a quien nunca nos ha abandonado.

Recordemos que somos nosotros, los únicos, quienes creamos nuestra vida. Y esta creación resulta de un proceso consciente de 3 etapas que comprenden el pensamiento, la palabra y la acción.

Para concluir, no te desesperes. Todos, en algún momento, decidimos frenar nuestra tan acelerada vida para reflexionar y eso está bien. A veces, cuando una persona está profundamente dormida, hay que sacudirla un poco para que pueda despertar.

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